Sor Juana Inés de la Cruz (1648 – 1695)

Quick Summary

Sor Juana Inés de la Cruz (1648 – 1695) was a poeta and major figure in history. Born in San Miguel Nepantla, Virreinato de Nueva España (actual Estado de México, México), Sor Juana Inés de la Cruz left a lasting impact through Publicación de 'Inundación Castálida' (1689) y 'Segundo volumen' (1692).

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Retrato barroco de Sor Juana Inés de la Cruz con su hábito jerónimo, sentada ante un escritorio repleto de libros, pluma en mano, con una biblioteca colonial mexicana detrás de ella.
Destacado

Nacimiento

November 12, 1648 San Miguel Nepantla, Virreinato de Nueva España (actual Estado de México, México)

Fallecimiento

April 17, 1695 Convento de San Jerónimo, Ciudad de México, Virreinato de Nueva España

Nacionalidad

Criolla de Nueva España

Ocupaciones

Poeta Dramaturga Monja jerónima Intelectual barroca

Biografía completa

Origins And Childhood

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació en 1648 en la hacienda de San Miguel Nepantla, al pie de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Hija ilegítima de una madre criolla, Isabel Ramírez, y de un capitán vasco, Pedro Manuel de Asbaje, creció entre las tradiciones indígenas, la devoción católica y la herencia ibérica. El fértil valle de Amecameca sostenía campos de trigo y ganado, dando a las familias criollas una relativa comodidad, aunque las mantenía atadas a redes de patronazgo colonial. Según su propio relato, robó las llaves de la biblioteca familiar a los tres años para poder leer en secreto, convencida de que el conocimiento era un tesoro que debía reclamar a pesar de su condición de mujer. Aprendió a leer a los cinco años con catecismos y comedias españolas disponibles en la hacienda, y luego dominó rápidamente la gramática latina practicando con los tutores de su primo Juan de Mata. Decidida a emprender estudios formales, suplicó a su madre que la disfrazara de varón para poder asistir a la universidad —una petición denegada, pero que revela su determinación. De adolescente memorizaba largos pasajes de poesía española, componía villancicos en náhuatl para las fiestas de su pueblo y escribía glosas latinas para desafiar a los eruditos varones. Hacia 1659 fue enviada a la Ciudad de México para vivir con su tía María Ramírez, lo que le dio acceso a clases privadas. Frecuentó la biblioteca del palacio virreinal, leyendo a Aristóteles, a Tomás de Aquino y a escritoras renacentistas como Safo y Christine de Pizan. Su curiosidad se extendía a las matemáticas, la música y las ciencias naturales: seguía el paso de los cometas y llevaba cuadernos meteorológicos. Los cronistas relatan que a los ocho años compuso un poema para la catedral y a los trece escribió una loa que celebraba al nuevo virrey, demostrando desde temprano su dominio de los géneros ceremoniales barrocos. Consciente de las barreras sociales, Juana adoptó regímenes de estudio estrictos autoimpuestos: se cortaba el cabello cada vez que sentía no haber aprendido una lección con la suficiente rapidez, utilizando el gesto tanto como castigo como motivación. Esta disciplina ascética, combinada con un talento prodigioso, la preparó para enfrentarse a la corte y a las instituciones académicas de una sociedad colonial recelosa del intelecto femenino. Los estrechos lazos con su madre y sus hermanas también alimentaron su imaginación. Las mujeres de su familia le enseñaron técnicas culinarias y medicinales nahuas, transmitiéndole un conocimiento empírico que Sor Juana elogiaría más tarde al celebrar la inteligencia práctica de las mujeres. Su infancia se desarrolló en un espacio liminal entre el campo y la ciudad, entre las culturas española e indígena, forjando el pensamiento sincrético que marcaría toda su obra.

Historical Context

La Nueva España del siglo XVII era un territorio clave de la monarquía hispánica, que enlazaba centros mineros, comercio transatlántico y redes misioneras. La Ciudad de México contaba con la Real y Pontificia Universidad (fundada en 1551), imprentas bulliciosas, colegios jesuitas y franciscanos, y conventos provistos de instrumentos científicos importados. Las autoridades civiles y eclesiásticas aplicaban las reformas tridentinas, endureciendo la disciplina religiosa y la censura inquisitorial. La sociedad colonial estaba estratificada por un sistema de castas que ordenaba a peninsulares, criollos, mestizos e indígenas. Los criollos cultivaban una identidad propia, alimentada por la riqueza de las minas de plata de Zacatecas y los talleres textiles de Puebla; financiaban obras de arte, capillas y academias literarias como la Real Academia Mexicana, donde se practicaba el concepto de agudeza de Baltasar Gracián. Los debates intelectuales oscilaban entre la escolástica aristotélica y la ciencia emergente: las obras de Descartes, Galileo y Kircher circulaban clandestinamente a pesar de la vigilancia inquisitorial. Los misioneros documentaban las lenguas nahua y maya, mientras los médicos coloniales experimentaban con remedios indígenas como el chocolate y el cacao, temas que Sor Juana mencionaría más tarde en sus cartas culinarias. Las celebraciones del Corpus Christi combinaban música policoral, teatro y poesía, ofreciendo un terreno fértil para la innovación barroca. Las mujeres tenían un acceso limitado a la educación formal, generalmente confinada a escuelas conventuales como las de las Ursulinas. Algunas clarisas o agustinas obtenían permiso especial para leer a los Padres de la Iglesia. Sor Juana se movió en este entorno de disputas teológicas (jansenismo, molinismo), reformas económicas, vigilancia inquisitorial y una vibrante producción cultural. Los desastres naturales —epidemias, inundaciones en el Valle de México, terremotos— alimentaban una imaginación apocalíptica que se refleja en sus villancicos, que mezclaban la contrición, la sátira y la celebración de voces mestizas y afromexicanas. El virreinato mantenía estrechos vínculos con Sevilla, Madrid y Roma, recibiendo noticias de las cortes europeas y las misiones asiáticas. A través de sucesivas virreinas, Sor Juana se enteraba de descubrimientos científicos (microscopios, telescopios), de las querellas literarias entre gongoristas y conceptistas, y de las políticas reales, manteniendo así una mirada cosmopolita a pesar de los muros del convento.

Public Ministry

La vocación de Sor Juana era intelectual más que pastoral, pero llegó a públicos amplios a través del teatro, la música y la imprenta. Presentada en la corte hacia 1664, se convirtió en dama de compañía de la virreina Leonor Carreto y deslumbró a los invitados en el salón virreinal. En 1667 el virrey convocó una disputa pública en la que cuarenta eruditos la interrogaron sobre teología moral, matemáticas, historia natural y música; sus hábiles respuestas impresionaron a poetas como Juan de Guevara y Carlos de Sigüenza y Góngora. Tras un breve intento con las austeras carmelitas descalzas de San José, profesó en 1669 en el Convento de San Jerónimo, adoptando el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz. Transformó su celda en una biblioteca-laboratorio con más de cuatro mil volúmenes, astrolabios, globos terráqueos y cartas náuticas. Allí produjo villancicos para las catedrales de la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca y Guatemala, loas en honor a la Virgen de Guadalupe, comedias profanas como 'Los empeños de una casa', y autos sacramentales innovadores. Sus obras se representaban en patios de palacio, locutorios de conventos y calles de la ciudad durante las procesiones. Colaboró con compositores como Manuel de Sumaya, quien musicalizó sus textos multilingües (español, latín, náhuatl, dialectos afroespañoles) en piezas polifónicas. Redactó tratados científicos —se menciona un 'Tratado del círculo', hoy perdido, citado por sus contemporáneos— y escribió cartas gastronómico-teológicas, en particular la 'Carta atenagórica', que analiza la retórica y el gusto sagrado. Su misión intelectual trascendió el convento gracias a las ediciones madrileñas de 1689 y 1692, patrocinadas por mecenas transatlánticas como la duquesa de Aveiro, que llevaron su poesía a los salones de Lisboa y Roma. Las abadesas solicitaban sus textos para las ceremonias de profesión; los funcionarios coloniales encargaban obras conmemorativas de victorias militares o alianzas dinásticas. Dentro de San Jerónimo enseñaba música, retórica y gestión de archivos a las novicias, redactaba los reglamentos de la biblioteca y fomentaba la copia de manuscritos raros. Sus biógrafos señalan que financiaba los estudios de parientes pobres y ofrecía asesoría legal a viudas, convirtiendo su celda en un centro de apoyo comunitario.

Teachings And Message

Los escritos de Sor Juana encarnan la estética barroca a la vez que articulan un programa intelectual en favor de la dignidad de las mujeres y la curiosidad universal. Sonetos amorosos como 'Este amoroso tormento' y 'Detente, sombra de mi bien esquivo' invierten las convenciones de género, dejando que una voz femenina argumente, juzgue y reclame autoridad; la lógica aristotélica sustenta su desmontaje de la sofistería masculina. Su poema filosófico 'Primero sueño' (1692) narra el ascenso nocturno del alma hacia el conocimiento, entrelazando la cosmología ptolemaica, la astronomía de Kepler, el mito grecolatino y el simbolismo nahua. La voz narradora recorre las esferas celestes, examina los elementos y finalmente reconoce, al amanecer, los límites de la razón, mostrando la conciencia de Sor Juana sobre el método científico —la experiencia, la analogía y la duda. En el auto sacramental 'El Divino Narciso' fusiona el mito grecolatino con el ritual nahua, de modo que los personajes indígenas América y Occidente reconocen a Cristo a través de sus propios símbolos, otorgando a la cultura nativa un papel profético en la revelación cristiana. Su comedia 'Los empeños de una casa' presenta a heroínas ingeniosas que manipulan el espacio doméstico, satirizando las normas de género. Su 'Respuesta a Sor Filotea' (1691) defiende el derecho de las mujeres a estudiar, apoyándose en la Escritura, la historia y el testimonio personal. Enumera a mujeres eruditas, desde Débora y Abigail hasta Catalina de Siena, argumenta que Dios no distribuye la inteligencia según el género, e insiste en que el saber profano fortalece la teología. Relata cómo estudió filosofía, música y astronomía, y cómo la cocina del convento se convirtió en su laboratorio de química cuando se le negaron los libros —un manifiesto que anticipa los argumentos feministas posteriores. Más allá de esta defensa, Sor Juana propone una ética de la moderación y la compasión. Sus villancicos dan voz a los africanos esclavizados, a los mestizos y a los feligreses indígenas, mezclando el humor y la ternura en la liturgia navideña. Las redondillas satíricas como 'Hombres necios' exponen la hipocresía social; los epitafios reales meditan sobre la fugacidad del poder. Su mensaje fusiona el universalismo cristiano con la sensibilidad criolla, presentando la diversidad cultural como una riqueza teológica. También teoriza el conocimiento como una práctica sensorial. En sus cartas culinarias a la hermana Juana de Cristo compara las técnicas de repostería con el estudio erudito, afirmando que la cocina le enseñó transformaciones químicas y medición matemática. Esta fusión de artes útiles y ciencias especulativas anticipa el enciclopedismo ilustrado.

Activity In New Spain

Dentro de San Jerónimo, Sor Juana se apoyó en mecenas como la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, duquesa de Aveiro, quien impulsó la publicación madrileña de sus obras y la protegió de los ataques moralistas. Las catedrales de la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Guatemala e incluso La Habana encargaron sus villancicos, interpretados por coros polifónicos; introdujo ritmos afrocaribeños de guineo y diálogos en náhuatl para reflejar la diversidad sonora de Nueva España. Sus autos sacramentales anclaron la vida cultural urbana. 'El mártir del Sacramento, San Hermenegildo' traza un paralelo entre la historia de un príncipe visigodo y las búsquedas criollas de legitimidad, mientras que 'El cetro de José' pone en escena elementos cósmicos para revelar la presencia eucarística. Sor Juana diseñaba los efectos escénicos junto a pintores como Cristóbal de Villalpando, supervisando la maquinaria, los fuegos artificiales y el vestuario. La curiosidad científica impregnaba su rutina. Sus cuadernos revelan experimentos en matemáticas, astronomía, música y lingüística; compiló glosarios trilingües, midió los campanarios con instrumentos geométricos y observó eclipses junto a Carlos de Sigüenza y Góngora. Su correspondencia con el jesuita Antonio Núñez de Miranda, el médico Juan de Cabriada y sabios europeos a través de la corte virreinal abordaba la medicina galénica, los cometas y la reforma del calendario. Su celda funcionaba como un salón intelectual visitado por virreinas, la duquesa de Medina Sidonia, obispos, juristas, poetas, músicos y científicos criollos. Organizaba lecturas colectivas, corregía manuscritos de amigos, asesoraba a estudiantes universitarios sobre sus tesis, compilaba antologías polifónicas para el órgano del convento y enseñaba técnicas mnemotécnicas a las novicias, cultivando una creatividad disciplinada. Más allá de los círculos de élite, forjó lazos con las comunidades locales: compuso villancicos en honor a la Virgen de Guadalupe, patrona de los pueblos indígenas, y organizó colectas de caridad durante las hambrunas. Textos como los 'villancicos de negros' denuncian la discriminación racial otorgando a las voces africanas una sabiduría superior a la de sus amos. Sus obras viajaron gracias a los libreros que cruzaban el Atlántico. Las compilaciones de 1689 y 1692 llegaron a las bibliotecas universitarias de Lima, Sevilla y Roma; antes de que terminara el siglo aparecieron traducciones manuscritas al italiano y al portugués. Conventos de Quito y Cuzco imitaron su modelo de biblioteca, demostrando que el experimento de San Jerónimo inspiró a otras instituciones religiosas.

Journey To Conflict

La fama de Sor Juana también atrajo el escrutinio de las autoridades eclesiásticas, empeñadas en frenar las voces disidentes. En 1690, el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz de Puebla, bajo el seudónimo de Sor Filotea, publicó una carta de amonestación que criticaba su incursión en la teología, en particular la 'Carta atenagórica', que cuestionaba el sermón sobre el amor divino del jesuita António Vieira. Aunque presentado como un gesto de cuidado pastoral, el texto ponía en duda el derecho de una mujer a juzgar a un teólogo de renombre. La elocuente respuesta de Sor Juana inquietó a los líderes eclesiásticos, temerosos de que una monja criolla esgrimiera la teología, la filología y la experiencia vivida contra el discurso oficial. Los jesuitas estaban divididos: Núñez de Miranda exigía una devoción exclusiva, mientras que otros valoraban sus talentos apologéticos. Los cambios políticos agravaron la presión. Sus protectores, Tomás Antonio de la Cerda y la virreina María Luisa, abandonaron Nueva España en 1688; su sucesor, el virrey Gaspar de la Cerda Sandoval, adoptó reformas morales más estrictas. La Inquisición intensificó las inspecciones de las bibliotecas conventuales, exigiendo inventarios y prohibiendo ciertas traducciones científicas. Bajo la creciente presión, Sor Juana se vio obligada en 1693 a vender su biblioteca, sus instrumentos científicos y su colección musical. Firmó con su propia sangre un voto penitencial renunciando a los estudios profanos, aunque los testigos señalan que continuó registrando observaciones meteorológicas y componiendo versos devocionales, prueba de que su genio no pudo ser silenciado del todo. Una epidemia de tifus devastó la Ciudad de México entre 1694 y 1695. Al cuidar de sus hermanas como enfermera, contrajo la enfermedad y murió el 17 de abril de 1695. Entre sus escritos finales, perdidos o destruidos, se cuentan un tratado sobre música sacra y meditaciones sobre la caridad activa, prueba de que el conflicto nunca extinguió su compromiso espiritual.

Sources And Attestations

El legado de Sor Juana sobrevive gracias a las ediciones madrileñas de 1689 ('Inundación Castálida') y 1692 ('Segundo volumen'), compiladas por sus mecenas María Luisa Manrique de Lara y el padre Juan Ignacio de Castorena y Ursúa. Estos volúmenes reúnen poesía lírica, autos sacramentales, comedias y correspondencia teológica con prólogos laudatorios que celebran el ingenio criollo. Un tercer volumen, 'Fama y obras póstumas' (1700), reunió piezas póstumas y homenajes fúnebres. Los manuscritos conservados en la Biblioteca Nacional de México, el Archivo General de la Nación, el convento de Corpus Christi y la Biblioteca Nacional de España documentan la circulación de sus villancicos y cartas. Los cronistas Diego Calleja y Francisco de las Heras registraron anécdotas sobre su inteligencia, como también lo hizo el misionero jesuita Eusebio Kino, quien recordaba conversaciones científicas con ella. Los inventarios elaborados durante la venta forzosa de la biblioteca de San Jerónimo en 1693 enumeran a los autores que poseía —Copérnico, Kircher, Atanasio, Lope de Vega, Calderón, Descartes. Su correspondencia con la virreina, con la duquesa de Aveiro y con las monjas de Puebla revela sus preocupaciones cotidianas: las finanzas del convento, recetas de conservas, lecturas de autores clásicos, comentarios sobre erupciones volcánicas. Los documentos notariales atestiguan su apoyo a familiares, incluida la compra de la libertad de una sobrina mestiza. Los testimonios contemporáneos, tanto admirativos como críticos, describen su brillantez; las crónicas conventuales relatan su muerte durante la epidemia de tifus de 1695 mientras cuidaba a otras monjas, subrayando su caridad. Los epitafios latinos compuestos por estudiantes universitarios confirman su reputación internacional. Durante el siglo XVIII, las academias literarias de México y Puebla conservaron su memoria mediante lecturas públicas y copias manuscritas. Franciscanos y dominicos citaban sus villancicos en sus sermones, señal de su autoridad doctrinal. Los archivos inquisitoriales, notablemente, no muestran ningún proceso formal contra ella, lo que sugiere que su ortodoxia permaneció intacta a pesar de las polémicas.

Historical Interpretations

Los literatos mexicanos de los siglos XVIII y XIX la celebraron como la 'Décima Musa' mientras buscaban héroes previos a la independencia. Los escritores románticos la presentaron como un genio mártir, y Carlos María de Bustamante la comparó con un fénix. Liberales del siglo XIX como José Joaquín Pesado la invocaron como prueba de la grandeza criolla antes de la independencia, destacando su devoción a la Virgen de Guadalupe como un emblema protonacional. En el siglo XX, 'Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe' (1982) de Octavio Paz la reformuló explorando las tensiones entre la vocación intelectual y la obediencia religiosa, y analizando su poesía a través del psicoanálisis y la semiótica. Las estudiosas Dorothy Schons y Georgina Sabat de Rivers subrayaron su temprana defensa de los derechos de las mujeres, proponiéndola como la primera feminista del Nuevo Mundo. Asunción Lavrin, Pilar Gonzalbo Aizpuru y Electa Arenal estudiaron su vida conventual, revelando la complejidad de la espiritualidad femenina colonial. La crítica contemporánea la sitúa dentro de la filosofía barroca, la retórica feminista y los estudios coloniales. Investigadoras como Mónica Díaz y Stephanie Kirk examinan su uso de las lenguas indígenas; filósofas como Graciela Hierro analizan su ética del placer intelectual. Los estudios de recepción rastrean las lecturas de su obra en España, Filipinas y Perú, ampliando su influencia geográfica. Los teóricos queer revisan sus relaciones con las virreinas desde la perspectiva del afecto femenino, mientras que los musicólogos reconstruyen las partituras de sus villancicos para festivales barrocos modernos. Iniciativas digitales como el 'Proyecto Sor Juana' de la Universidad del Claustro digitalizan manuscritos para el análisis estilométrico. Los historiadores de la ciencia detectan ecos de la revolución científica en sus referencias a Copérnico y a la lógica combinatoria de Ramon Llull, integrándola en los debates sobre la modernidad colonial y la circulación global del conocimiento. Esta pluralidad de interpretaciones subraya la vitalidad de su pensamiento: figura religiosa, patriota criolla, protofeminista, filósofa barroca y científica aficionada, Sor Juana encarna la posibilidad de una modernidad femenina en el mundo iberoamericano. Los estudios comparativos la vinculan con contemporáneas europeas como Madame de Staël o Aphra Behn, destacando luchas paralelas por el reconocimiento intelectual.

Legacy

La influencia de Sor Juana abarca la literatura, el activismo feminista y la política cultural. En México, su rostro figura en el billete de 200 pesos; universidades, bibliotecas y museos —entre ellos la Universidad del Claustro de Sor Juana, alojada en su antiguo convento— llevan su nombre; y el Día Nacional del Libro se celebra en su cumpleaños, el 12 de noviembre. Dramaturgos contemporáneos representan obras como 'Las trampas de la fe'; compositores y coreógrafos crean óperas y ballets inspirados en 'Primero sueño'. La película de la directora María Luisa Bemberg 'Yo, la peor de todas' (1990), las producciones de tono queer de la directora escénica Jesusa Rodríguez, y poetas chicanas como Gloria Anzaldúa reinterpretan su vida como inspiración ancestral. Las marchas feministas latinoamericanas del 8 de marzo enarbolan sus citas en defensa del derecho de las mujeres a estudiar. A nivel internacional, se la aclama como pionera de los estudios de género y del pensamiento crítico en la América colonial. Universidades de todo el mundo enseñan sus textos en programas de literatura comparada, filosofía e historia de la ciencia. Sus argumentos en favor de la educación de las mujeres alimentan los debates actuales sobre el acceso a las disciplinas STEM, mientras que sus análisis gastronómicos atraen a los historiadores de la alimentación. Los conjuntos barrocos revivan sus villancicos con instrumentos de época; traductores como Margaret Sayers Peden llevan sus sonetos al público de habla inglesa; las editoriales mexicanas publican ediciones críticas anotadas. Los museos exhiben retratos y reliquias conventuales, promoviendo el turismo cultural. Su resiliencia se ha vuelto emblemática: becas para mujeres en las ciencias llevan su nombre, y encuentros internacionales —desde el Festival Sor Juana en Dallas hasta el Coloquio Internacional Sor Juana en la Ciudad de México— reúnen a investigadores, artistas y activistas. Los programas educativos para niñas rurales la citan como prueba de que el hambre de conocimiento puede superar las barreras sociales y de género.

Logros y legado

Logros principales

  • Publicación de 'Inundación Castálida' (1689) y 'Segundo volumen' (1692)
  • Composición del auto sacramental 'El Divino Narciso' y de un teatro barroco innovador
  • Escritura de la 'Respuesta a Sor Filotea', un manifiesto por la educación de las mujeres
  • Creación de una importante biblioteca científica y literaria en Nueva España

Legado histórico

Sor Juana Inés de la Cruz sigue siendo la voz más brillante de la literatura barroca de Nueva España y una referencia mundial en la defensa del saber femenino. Sus escritos alimentan los estudios coloniales, inspiran los movimientos feministas latinoamericanos e ilustran el poder emancipador del conocimiento.

Cronología detallada

Acontecimientos principales

1648

Nacimiento

Nace el 12 de noviembre en San Miguel Nepantla, cerca de Amecameca

1664

Corte virreinal

Se convierte en dama de compañía de la virreina Leonor Carreto

1669

Profesión religiosa

Profesa sus votos en el Convento de San Jerónimo, Ciudad de México

1689

Publicación

Se imprime en Madrid el primer volumen, 'Inundación Castálida'

1691

Respuesta a Sor Filotea

Carta en defensa del derecho de las mujeres al saber

1695

Muerte

Muere en San Jerónimo mientras cuidaba a otras monjas

Cronología geográfica

Citas famosas

"Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón."

— Sor Juana Inés de la Cruz

"Yo no estudio para saber más, sino para ignorar menos."

— Sor Juana Inés de la Cruz

"Aunque mujer, tengo entendimiento."

— Sor Juana Inés de la Cruz

Frequently Asked Questions

Nació el 12 de noviembre de 1648 en San Miguel Nepantla, cerca de Amecameca, y murió el 17 de abril de 1695 en el Convento de San Jerónimo, en la Ciudad de México, durante una epidemia de tifus.

Tras servir en la corte virreinal, Sor Juana eligió la vida religiosa para dedicarse al estudio y la escritura en un entorno que ofrecía mayor autonomía intelectual que el matrimonio.

El auto sacramental 'El Divino Narciso' y la carta 'Respuesta a Sor Filotea de la Cruz' son de sus obras más reconocidas, ejemplo de su defensa del saber femenino.

Leía y escribía en español y latín, conocía el náhuatl y tenía conocimientos de griego, lo que le permitía consultar fuentes clásicas e indígenas.

En su 'Respuesta a Sor Filotea' afirma el derecho de las mujeres a la educación, critica la autoridad patriarcal y ejemplifica la autonomía intelectual femenina en el siglo XVII.

Sources and Bibliography

Primary Sources

  • Sor Juana Inés de la Cruz — Inundación Castálida (1689)
  • Sor Juana Inés de la Cruz — Respuesta a Sor Filotea (1691)

Secondary Sources

  • Octavio Paz — Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe
  • Dorothy Schons — The First Feminist in the New World
  • Asunción Lavrin — Brides of Christ: Conventual Life in Colonial Mexico
  • Electa Arenal & Amanda Powell — The Answer / La Respuesta ISBN: 9781612480062
  • Antonio Alatorre — Sor Juana a través de los siglos ISBN: 9789681664030
  • Margo Glantz — Sor Juana Inés de la Cruz: Saberes y placeres ISBN: 9789681670833
  • J. M. Austin — The Plays of Sor Juana Inés de la Cruz ISBN: 9780292706884
  • Geoffrey H. W. Bromiley — Encyclopedia of Christianity, entry on Sor Juana

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